Historia

Todo empezó en aquella rudimentaria mesa de ping-pong que un buen día apareció en el centro parroquial de la Plaza Circular, “Juventud Corazón de María”, “JUCOMA”.


Inmaculada Gato formaba parte de esa rebelde adolescencia que se reunía en torno a las actividades, los juegos y el deporte, entre ellos el tenis de mesa. La afición por este deporte poco a poco derivó en el aprendizaje y más tarde en el entrenamiento, todo ellos por iniciativa propia “
Mi primera competición seria en unos campeonatos  de Valladolid que se disputaron en la Feria de Muestras con un frio terrible”, recuerda Inma “Mi hermano me tuvo que dejar un pantalón corto de deporte porque yo no tenía y compre una paleta de las baratas en Deportes Moral


Diversos equipos de la capital fueron los primeros rivales de este incipiente equipo “JUCOMA” que empezaba a destacar, sobre todo el equipo femenino encabezado por Mari Carmen Ruiz e Inmaculada Gato “Pronto nos encontramos que éramos los campeones de Valladolid y así empezamos a pensar en competir más y federarnos”. Entrando en aquellos caóticos años 70, la protagonista, con tan sólo 15 años ganaba su primer trofeo, una pequeña copa que paseó con orgullo en medio de la algarabía de sus amigos del club, sus fans número uno.


En realidad, el tenis de mesa en Valladolid se había creado en 1947, fecha en la que la Federación de Valladolid se organizaba en torno a lo que vino a llamarse Federación Castellana con 3 ó 4 años de antigüedad. Años más tarde, en 1960, se volvió a constituir con el nombre de Federación vallisoletana, transformándose posteriormente y por imperativo legal en Delegación Provincial. Los años 70, de los que hablábamos con anterioridad, fueron los más prolíferos en cuanto al tirón de este deporte en la ciudad. Sin duda gracias a la labor de personas como Antonio Sanz Vinuesa, Alfonso Guilarte Zapatero, Fidel Sanz Vinuesa o Jesús Molinero. Ellos sentaron las bases del actual tenis de mesa vallisoletano, que llegó a organizar eventos nacionales e internacionales de relevancia como el Campeonato de España Juvenil de 1969 y 1977 (en el que el fallecido jugador de baloncesto Fernando Martín quedó tercero de España en el polideportivo “Huerta del Rey” que años más tarde se convertiría en la casa de juego del club); el VI Torneo Internacional de España de 1975, los encuentro de Liga Europea España- Escocia de 1979, España- Luxemburgo de 1983 y España- Finlandia; con gran respuesta por parte del público vallisoletano, que ofrecía llenazos en el polideportivo Huerta del Rey.


El “ping-pong” vallisoletano aún estaba dando sus primeras bocanadas de aire. Disputar un partido en Palencia era “como jugar la Copa de Europa”, pero en 1975 llagaría el verdadero bautismo de fuego. Al campeonato nacional disputado en Reus acuden siete vallisoletanos a bordo de un “Seat 1500” con tres filas de asientos. Sólo el observar la organización y la infraestructura montada para el torneo abrió los ojos de muchos de ellos “
Nosotros no sabíamos cómo funcionaba esto, ni siquiera el sistema de competición. Nos quedamos alucinando al ver una sala con 15 ó 16 mesas, pero pese a todo no fue mal la cosa”.


Efectivamente, Inmaculada Gato terminó quinta de España. Una revista especializada recogía su particular hazaña bajo el sensacionalista titular de “Una muchachita de Valladolid”, pero lo cierto es que Inmaculada, con su particular estilo agresivo y autodidacta, se había colado entra las grandes. “
Me hizo una ilusión terrible recibir una camiseta roja que por detrás ponía Campeonato de España y que todavía conservo. Yo era una luchadora y tal vez fui la primera castellano leonesa que jugaba como un chico. En ese sentido cambié la mentalidad porque me gustaba jugar al ataque, con desparpajo…”


Dos recuerdos más se agolpan en la mente de Inma de ese primer campeonato. El que debía ser su entrenador no apareció por allí y aprovechó el viaje para ver Barcelona, así que el encargado de dar las indicaciones fue el que años más tarde se convertiría en su marido, Javier González. Inmaculada logró el quinto puesto, pero incluso pudo haber llegado más arriba, aunque como ella misma relata, pagó la novatada “
No conocía la historia del “siete a nueve” que era un club catalán emblemático, pero yo al desconocerlo me daba igual. Recuerdo que iba perdiendo 2-0 contra la catalana Infante – no se me olvidará su nombre en la vida- y de repente me dije: ¿Por qué no voy a jugar cómo sé? Me voy a soltar. La empaté a dos y en el quinto set antes de salir la tal infante se me cayó redonda. Se recuperó pero yo con los nervios no di ni una. Me metió una paliza en el quinto set, mientras yo sólo acertaba a temblar y pasar la bola. Luego me dijeron que había caído ante otro de los trucos de la famosa Infante. Me costó más de seis años volver a enfrentarme a ella, porque el azar quería que nunca nos cruzásemos, pero juré que volvería a hacerlo y gané al final en un partido de División de Honor”.

 A su regreso y por medio de Alfonso Guilarte, ficha por el San José Júnior haciendo pareja con su hija Carmen Guilarte “Ratona”. El dúo, con nombre cómico, Ratona-Gato fue temible. Se compaginaban perfectamente, una era la técnica y otra era la lucha y agresividad, pero la mezcla era bestial “En un campeonato disputado en San Sebastián no nos dejaron jugar no sé por qué motivo así que después de ser pesadas no dijeron que nos permitían disputar sólo un partido pero que no nos iba a valer el resultado, decidimos jugar con las campeonas y las vencimos”

Pese a que había ecos de una liga nacional, lo cierto es que después de jugar dos años seguidos en Valladolid, el aburrimiento y la falta de competitividad motivó la salida de Inmaculada del tenis de mesa. “Estuve otros dos años hasta que se celebró en Valladolid un partido de Liga Europea entre España y Escocia en Huerta del Rey en 1979. Allí me repescaron para que colaborase en la organización de ese torneo”. Con el gusanillo otra vez en el cuerpo, Inma se plantea volver al tenis de mesa, pero no fichada por ningún club, sino en uno propio que se decide crear desde cero. Era octubre de 1979 y el Club Valladolid Tenis de Mesa daba sus primeros pasos. Inmaculada reclutó a aquellas jugadoras que habían compartido mesa con ella (Blanca Antolín, Carmen Guilarte…) y pese a que los malos agoreros le daban un año de vida, se equivocaron y con creces porque este pequeño club familiar ha cumplido ya los 25 años. En 1980 hace la presentación del equipo por entonces denominado Deportes Blasco. Con una junta directiva presidida por José Luis Bustos Estébanez, que pasará a la historia como el primer presidente de este modesto club.

 

 

 

 

 

 

Cinco de enero de 1980 es la fecha de la presentacion en sociedad del Club Valladolid Tenis de Mesa patrocinado por Deportes Blasco (padre de Miriam y el primer y más importante sponsor que creyó en la idea). El rival fue un equipo de la embajada china el partido jugado en el polideportivo Huerta del Rey. De izquierda a derecha posan Patricia Guilarte, Blanca Antolín, Trini Bratos, Javier González, Inmaculada Gato y Maipi Gato.

Incluso los periódicos de la época se hacen eco de la presentación del equipo y del primer partido que jugarán como tal, contra la Selección de Palencia, y un amistoso contra la Embajada de China Popular.

Esta presentación será la carta de presentación de un equipo que empieza a jugar en Segunda División, aunque esta categoría pronto se les quedará pequeña “lo que no conseguimos realizar antes, queriamos lograrlo ahora, como éramos buenos, ascendimos. Yo seguía jugando, pero Javier, que había sido campeón de Valladolid Juvenil, empezó a empaparse de libros para enseñar”.

Inmaculada recuerda los comienzos con dos mesas situadas debajo de la escalera del polideportivo Huerta del Rey y cinco o seis chicos y las mismas chicas a las que transmitir una filosofía de club eminentemente familiar “Éramos pocos, pero luego te venia el primo, el hermano… así empezamos a funcionar

Con esta premisa y el apoyo de los patrocinadores (Deportes Blasco, Viveros Gimeno, La Casera) que creyeron en el proyecto y en la insistencia de Javier e Inmaculada se empezaban a ver los primeros ascensos en las dos categorías. La economía de subsistencia se agarraba a través de rifas, venta de refrescos por las casas, cupones y donaciones altruistas de alguna jugadora como Xiomara Gonzalo, primera jugadora que fue a la selección nacional y que empleó su subvención para que el club pudiera viajar a una campeonato en Barcelona, o Sonia Echazarreta, que venía todos los fines de semana desde Irún durante 16 años para jugar con su equipo y lo único que reclamó en pago fue el cariño recibido por todos.
Otra de las anécdotas que acompañan a este modesto club es poder contar entre sus filas a la primera jugadora que gana un torneo, (el torneo para Neófitas de Tenis de Mesa), estando embarazada de su primer hijo; Raquel Morejón.

El trabajo seguía haciéndose en la oscuridad aunque en el año 1981 en Tarrasa, el equipo logra con Delia Beltrán y Xiomara el campeonato de España de dobles femenino juveniles. Al año siguiente repetiría en Burgos, ahora el título por equipos “Recuerdo que de la ilusión llore como una cosa tonta cuando quedamos campeonas de España. Pero fue fruto de todo el trabajo y, sin duda, nuestro salto de calidad” relata Inmaculada Gato.
En la temporada 1983-84, el equipo femenino logra el ascenso a División de Honor, la máxima categoría entonces del tenis de mesa. Inma compartió equipo con Blanca Antolín, Patricia Guilarte, y las pequeñas Xiomara Gonzalo, Maipi Gato, Pili Antolín y Delia Beltrán. Esto abrió la puerta a que el equipo masculino también pisara este terreno de la elite, aunque debido a la falta de gente de nivel en Valladolid tuviera que renunciar pocos años después. A partir de aquí se abre la presencia en las competiciones europeas varias temporadas y, una campaña, la 2001-2002, en la que el equipo femenino de Superdivisión, ya con fichajes extranjeros, alcanzó la segunda plaza en una liga en la que el potencial económico de muchos de los equipos era para ellas inalcanzable.
Con el nombre de Lauki, Helios, Collosa-Telecyl y ahora Collosa el equipo de superdivisión femenina es el club decano de esta categoría (desde 1985 permanece en ella).

Inmaculada siguió en activo hasta que cumplió los 29 años y vio, como las niñas que venían detrás pedían paso de forma urgente. El Valladolid Tenis de Mesa comenzó a importar grandes jugadores extranjeros (Liu Jienjing, Ekaterina Koulaguina, Flora Kassanova, Chen Wein, Janina Kokunina, Min Hao…) que a su vez, servían de maestros de las nuevas generaciones de chicos y chicas aficionados a este deporte. Todas ellas se convirtieron en promesas hechas realidad como las de María Martín y Mamen Gallo que desde los nueve años bebieron de las mejores fuentes del tenis de mesa “La ventaja es que los jugadores extranjeros se han vinculado al club. Han entrenado y vivido con los niños de iniciación. Yo misma tengo que aprovecharme de esa sabiduría y la forma de jugar de esa gente para nuestros niños. Somos el mejor centro de tecnificación, sin serlo. En ese sentido somos un club un tanto atípico que pretende ser como una gran familia”.

De esta manera, aparte de la punta de lanza que era el equipo de Superdivisión femenina y el masculino, mientras permaneció en la élite, el Valladolid Tenis de Mesa ha destacado en lo más alto de los campeonatos regionales de los últimos quince años en todas las categorías, siendo todo un símbolo en el panorama autonómico y nacional.

Inmaculada Gato, a quien ni siquiera el puesto de entrenadora nacional de la selección infantil femenina en el campeonato de Europa en París de 1994, ni un puesto federativo, llegó a hacer olvidar su idea de club, en su Valladolid y con sus niños y niñas. Continúa día a día tratando de hacer viable este proyecto y mantenerlo económicamente, tarea ardua en los tiempos que corren.


A través de exhibiciones y promociones ha logrado encauzar diversas escuelas. “
Este club es menos lo que se ve y más lo que no se ve. Somos una familia más grande de lo que parece y ello es debido a la implicación de todos, a la exigencia, a los niños y a la obligación de trabajo. Somos un club deportivo y de elite, no uno de ocio y tiempo libre y las personas que vienen aquí saben que se les va a exigir trabajo

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